lunes, mayo 15, 2006

Hasta siempre...

Hola abuela!
Después de ser de las personas más importantes en mi vida, y haber sido una de las razones de que estos 21 años hayan merecido la pena vivirlos, te has ido. Hace casi 24 horas y aun te noto cerca. Aun pienso que mañana vas a llamarme a la puerta para decirme que me levante antes de que mis padres se enfadasen. Tengo que ir haciendome a la idea de que ya no me llamarás mamarracho o pordiosero cuando aparezco con los vaqueros rotos o a no ver tu cara de alegría al ver a tus bisnietos.
Estos últimos días no lo has pasado nada bien. Desde aquel maldito día que quitaron la luz y te rompiste la cadera, ya no volviste a ser la que eras. La envidia de las abuelas. La que a los 89 años tenía mejor memoria que 10 personas de 20 años. La mejor abuela que hay. Siempre te decíamos de broma que eras la anti-abuela, porque no hacías cierta la famosa frase "tú no tienes abuela". Siempre fuiste sincera, y así lo preferímos siempre.
Una de las últimas charlas que tuve contigo, fue cuando llorando me pediste perdón por haber sido tan gruñona conmigo. ¡Cómo podías decirme eso! Te he dado miles de disgustos con las historias de madrugar y mi mala leche matutina. Creo que nunca te pedí perdón suficientes veces. En el hospital, cuando te operaron de la cadera, me confesaste que lo habías pasado muy mal en esa época, y te pedí perdón e intenté tomarlo con humor, como siempre hablaba contigo. El día que me pediste perdón no te paraba de decir que era imposible que yo me llevara esa idea de tí y te pedí que no te llevaras una mala impresión de mí. Ese día te dí el beso más grande que te había dado en mi vida. Todos mis recuerdos que guardaré siempre en mi corazón es el amor que me tenías y el que yo te tenía a tí. Esas mentirijillas que contabas a mis padres para salvarme de alguna bronca. O decir cualquier recurso para que mis hermanos no se metieran conmigo, da igual lo que hubiera hecho.
Después de 21 años viviendo contigo, te has ido. ¡No te imaginas cuánto te voy a echar de menos! ¡Ni te imaginas cuánto te quiero! ¡Ni te imaginas el hueco que has dejado aquí! Ahora estás en el cielo mejor que nunca con el abuelo, como le debías de echar de menos. Tus hermanos, hijos, nietos y bisnietos te echaremos muchísimo de menos. Hoy han corrido miles de lágrimas porque se ha ido la mejor. Mi abuelita. Me da mucha penita que ya no estés conmigo para defenderme y gruñirme cuando me hacía falta. Me arrepiento de muchas cosas que hice contigo, pero sé que no querrías que estuviera triste por eso. Me encantaría decirte todo lo que siento, abuela, pero me es imposible expresarme. Creo que con estas lágrimas que están cayendo ahora mismo por mi cara cuando te recuerdo lo dicen todo. ¡Joder cómo te quiero! Ayúdame desde el cielo, y estáte muy atento de mí. Aun te voy a necesitar muchos años más. No quiero tener la sensación de que te noto lejos, aunque posiblemente sea lo mejor para los dos. Quiero poder pensar en tí y no llorar. Quiero pensar en tí y sonreir. Ayúdame abuela, ayúdame mucho.
¡Qué mal lo hemos pasado y lo vamos a pasar estos días! Eras muy necesaria en la vida de todos nosotros. Eras la paz en esta casa, por favor, que así siga siempre.
Bueno, mañana me despido de tí y ya no te veré más. Se me hace durísimo pensar en eso. No quiero, ni puedo imaginarlo. Sé que te hubiera gustado verme junto a mi mujer e hijos, y ten por seguro, que a mis hijos les hablaré mucho de tí. Tengo que dar las gracias a Dios por darme la abuela que me dió. No podría agradecerlo lo suficiente nunca. Gracias abuela por todo. Por todo lo que hiciste por mí, por quererme y por dejarte querer. Gracias por haberme dejado ser tu ojito derecho. Te vuelvo a pedir por última vez que no te alejes jamás de mí, y que me vigiles y me cuides desde el cielo. Que seas muy feliz. Lo serás, estoy seguro.
Te quiero abuela. Te quiero muchisimo.

Tu ojito derecho, Alvarito.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hasta siempre Conchita

En primer lugar, quiero daros a todos los Infante- Muñoz el pésame por el triste fallecimiento de Conchita, y en segundo decirte Conchita, que yo siempre te apoyé cuando decías que Álvaro iba vestido como un pordiosero :) , pero sobre todo quiero agradecer todo lo feliz que has hecho a Álvaro, porque para él has sido como una madre. Siempre, siempre, siempre, está hablando de tí, y siempre son frases de agradecimiento y de muchísimo cariño. No conocerás a los hijos que tenga Álvaro, pero puedo asegurarte que llegarán a quererte tanto, como todos los que te conocimos.
Y por último, prometerte que yo cuidaré de Álvaro, como tú hubieras querido.
Hasta siempre Conchita

Anónimo dijo...

Querida abuela:
Como nos ha pasado a todos, siento que te has ido sin que te dijera lo mucho que te quería las suficientes veces.

No puedo olvidar mis últimos momentos a tu lado el sábado, tu sonrisa cuando viste a Camino disfrazada de chinita... Cómo no, hiciste honor a la generosidad que te caracterizaba, cuando a duras penas y como podías, me dijiste "Te tengo que pagar la vaca". No se me ocurrió más que reírme... Por dentro pensaba que el mejor regalo era estar pasando ese ratito a tu lado.

Abuela, ya no te veremos más, es cierto, pero siempre estarás en mis pensamientos. Jamás voy a olvidar los momentos que pasabas con Camino (cuando te agarraba la medalla; cuando se te dormía en brazos y te llamábamos la 'Abuela-Valium'; cuando antes de saludarme ya me preguntabas "¿Dónde está la pitusa?"; cuando jugaba con tu andador; cuando la enseñabas a hacer palmitas...). Son momentos inolvidables que le recordaré siempre, para que guarde con mucho cariño los momentos que pasó con su bisabuela.

Yo también tengo momentos imborrables a tu lado; de los mejores, uno reciente: Cuando sacaste fuerzas de donde no las tenías, para animarme el día que dejamos a Camino en la UCI, ¿te acuerdas? Yo no puedo olvidarte al borde de mi cama dándome fuerzas. Igual que tampoco olvido cuando rezamos un rosario juntas 2 días antes de que nos dejaras para siempre.
¿Y cuando era pequeña y me senataba encima tuyo y decías siempre lo mismo: "¿Qué he hecho yo para merecerme esto?"? O me decías lo de bailar el rigodón... O el disfraz de Goyesca; la Chabel que me regalaste cuando me rompí el dedo meñique; cuando dormíamos juntas y cada madrugada me arropabas; cuando me ponías los calcetines para ir al colegio; las tostadas que nos preparabas todos los sábados en Manuel de Falla; los pendientes de perla que me quisiste regalar para Camino y que al final nunca acepté; la alianza de la boda que nos regalaste a Sergio y a mí; tus conversaciones triste pidiéndome ayuda para sacar a Alvarito de la cama; tus piropos (no tan abundantes como los de cualquier abuela, pero siempre sinceros); tu obsesión constante con que mamá comiera -como madraza que eras-; lo suaves que eran tus manos y lo que me gustaba acariciarlas; las pedicuras que te hacía mientras charlábamos de tantas cosas, cuando encendías tu reloj digital con voz, cerca de tu oído, para escuchar qué hora era; cuando decías que "te ibas a la sierra" cuando en realidad ibas a enchufarte el oxígeno; cuando presumías de las azañas de bisnietos por teléfono; cuando descolgabas el teléfono y siempre decías "¿Qué cuentas?"; cuando le decías a Sergio por enésima vez que te no te llamara de usted; las historias que nos contabas que oías en la radio o lo que leías en el ABC, cuando veías un poquito mejor; tu café con galletas Chiquilín; tus calores en pleno invierno; tu generosidad y memoria en cada Navidad, cumpleaños, santo....; los consejos que me diste; el interés que ponías en cada historia y parte médico de Camino;
Creo que esta lista sería interminable........
....

Abuela, yo sé que te has ido sabiendo que te he querido mucho. Sabiendo que deseaba seguir yendo a verte con Camino cada mediodía a tu habitación, pero que no podía soportar verte sufrir. Yo le pedía a Dios que no lo pasaras mal, y sabía que nos ibas a dejar.

Nos va a costar mucho acostumbrarnos a la vida sin ti, así que mándanos la fuerza que tú tenías, abuela. Ayúdanos a ser fuertes a los que hemos compartido tantos años de nuestra vida a tu lado, porque separarse de ti es algo muy doloroso.

Te quiero, abuela, jamás voy a olvidarte